Espacios de trabajo para todos: cómo la accesibilidad impulsa productividad, inclusión y bienestar.

Quería comenzar este artículo con datos técnicos y aclaraciones normativas, pero luego pensé: a veces es más efectivo transmitir una idea a través de una experiencia real. Por eso quiero contarles una situación que pude presenciar y que puede ser un buen punto de partida para entender cómo la accesibilidad puede influir en el rendimiento de los trabajadores.

Hace muchos años, en uno de mis primeros empleos, tenía un compañero cuya labor consistía en llevar documentación y realizar recados dentro de la oficina. Su trabajo requería desplazarse constantemente entre los diferentes pisos del edificio, lo que implicaba subir y bajar escaleras varias veces al día. Recuerdo que era una edificación de cuatro pisos y no tenía ascensor.

Muchos compañeros lo criticaban, diciendo que era flojo, que no le gustaba trabajar y que siempre buscaba excusas para quedarse sentado. Yo pude comprobar que, efectivamente, su desempeño dejaba mucho que desear y que no cumplía con la mayoría de los recados. Sin embargo, llevaba años en ese puesto y conocía muy bien la dinámica de la empresa.

Por supuesto, los compañeros con más antigüedad lo recordaban en sus primeros años como alguien ágil y eficiente, siempre dispuesto a colaborar. Con el tiempo, la oficina fue remodelada. Se hicieron varias mejoras en infraestructura y, entre ellas, se instaló un ascensor.

Lo que ocurrió después fue sorprendente: ese compañero comenzó a moverse con mucha más agilidad. Lo veíamos constantemente yendo de un piso a otro, sonriente, eficiente y comprometido con sus tareas, tal como lo hacía en sus años de juventud. Conocía al detalle los procesos de la oficina y los documentos llegaban a tiempo. Sus recados se realizaban con rapidez y precisión.

¿Qué había cambiado? Muy simple: ahora podía moverse sin dolor ni limitaciones. Resultó que tenía una lesión en la rodilla, producto de los años de trabajo, que dificultaba enormemente su movilidad. El ascensor, más allá de ser un elemento de confort, fue una medida de accesibilidad que transformó su experiencia laboral y, con ello, nos permitió redescubrir al trabajador eficiente y eficaz que siempre había sido.

Este ejemplo deja en claro que, muchas veces, las medidas de accesibilidad en los espacios laborales se ven como un gasto innecesario o una obligación para cumplir con la normativa. Sin embargo, son mucho más que eso: representan una oportunidad estratégica para mejorar la productividad, la eficiencia y el bienestar de todos los trabajadores, no solo de quienes tienen una discapacidad o movilidad reducida.

Contar con pasillos amplios, buena iluminación y ventilación, señalización clara, baños adaptados, lactarios, rampas, barandas, ascensores, planos de ubicación visibles y espacios de descanso y calma es beneficioso para toda la plantilla. Pensemos también en adultos mayores, mujeres embarazadas o personas con lesiones temporales: todos se ven favorecidos por un entorno inclusivo y accesible.

Por ello, es fundamental realizar diagnósticos periódicos sobre el estado de accesibilidad en nuestros centros de trabajo y fomentar una cultura inclusiva. Solo así podremos construir espacios verdaderamente pensados para todos, donde cada persona pueda desarrollar su potencial sin barreras innecesarias.