Diseñar viviendas accesibles no solo mejora la autonomía y calidad de vida de personas con discapacidad o adultos mayores, sino que también previene accidentes y permite que sus habitantes permanezcan en el hogar por más tiempo. Diseñar nuestras viviendas desde un concepto basado en la accesiblidad, es vital para que estas sean funcionales y de calidad.
Cuando pensamos en habitar un espacio, lo primero que viene a nuestra mente es nuestro hogar: el lugar donde realizamos nuestras actividades cotidianas y compartimos con nuestros seres queridos. La forma en que percibimos ese espacio cambia según la etapa de vida en la que nos encontremos: no es igual ser niño, adulto o adulto mayor. En el caso de las personas con discapacidad, especialmente quienes nacen con ella, las necesidades son diversas y rara vez se ven reflejadas en la oferta de viviendas que existe actualmente.
Según la Primera Encuesta Nacional Especializada sobre Discapacidad (ENEDIS, 2012), el 22,8 % de las personas con discapacidad afirma tener dificultades para movilizarse dentro de su propia vivienda. A esto se suma que el 77,7 % vive en viviendas propias. Sin embargo, la oferta de viviendas accesibles sigue siendo muy limitada, y las normativas vigentes no exigen de forma contundente la implementación de medidas de accesibilidad en espacios habitacionales.
Es cierto que la vivienda es un espacio privado y cada propietario puede adaptarla según sus necesidades. Pero, si lo pensamos bien, ¿quién no desearía vivir en un espacio cómodo, seguro, flexible, bien iluminado, ventilado y fácil de usar, tenga o no una discapacidad?
Todos, en algún momento, hemos tenido que remodelar nuestro hogar para ajustarlo a nuevas necesidades. ¿Qué pasaría si las viviendas ya incluyeran ciertas características que facilitaran estas adaptaciones futuras? ¿Y si existiera una oferta de viviendas pensadas para distintos grupos con requerimientos específicos?
Aunque en muchos países —y también en el nuestro— se han hecho esfuerzos por promover viviendas más accesibles, aún queda mucho por hacer. Una vivienda accesible no solo mejora la calidad de vida de quienes la habitan, también representa una inversión. Aporta seguridad, independencia, y evita gastos elevados en remodelaciones futuras. Además, incrementa el valor de la propiedad en el mercado.
No se trata de estandarizar hogares ni imponer un único modelo de vivienda. Se trata de comenzar por lo básico: mejorar dimensiones, asegurar pasillos amplios, puertas accesibles, instalar manijas adecuadas, incorporar rampas, ascensores, barandas y una mejor orientación en edificios multifamiliares.
La accesibilidad en el hogar es el inicio de la cadena de accesiblidad en la ciudad. Y todo comienza, literalmente, en casa.

